
Así ayuda la tecnología de la Fórmula 1 de Red Bull a un Porsche 911 refrigerado por aire
A veces, el mundo del motor nos regala parejas de baile inesperadas que, sin embargo, terminan encajando a la perfección. El ejemplo perfecto sería el de Red Bull Advanced Technologies y Singer Vehicle Design, que se han unido para mejorar uno de los clásicos más reconocidos del sector. Lo cierto es que no muchos se habrían imaginado esta alianza que ha puesto a trabajar a ingenieros encargados de hacer monoplazas ganadores en la Fórmula 1 con artesanos de California que hacen algunos de los trabajos más exquisitos sobre Porsche.
Sin embargo, para sorpresa de todos, ambas empresas anuncian esta unión de esfuerzos con un objetivo claro: acabar con uno de los males endémicos de los Porsche 911 (964). En esta generación del deportivo alemán se acusaba un problema de rigidez en las carrocerías descapotables (Cabriolet y Targa). La realidad era que al quitar el techo perdían esa condición, lo que causaba que vibrasen más y fueran más blandos. Esto se incrementa con el paso del tiempo y puede derivar en problemas serios, no hay que olvidar que estos modelos pueden tener en la actualidad hasta 38 años de edad.

Aquí es donde entra la magia de la Fórmula 1. En lugar de soldar barras de acero como se hacía en los 80, Red Bull ha aplicado su última tecnología: el escaneo digital y el análisis de elementos finitos. Básicamente, lo que ha hecho ha sido digitalizar el chasis del 964 para después simular las fuerzas de torsión que sufre en cada curva. Con estos datos, han diseñado trece estructuras de refuerzo de fibra de carbono que se adhieren al monocasco original durante la restauración.
El resultado de esta «cirugía» de alta tecnología es asombroso. La rigidez torsional del coche aumenta un 175 %. Para que nos entendamos: han conseguido que un 911 descapotable de hace tres décadas sea casi tres veces más rígido, igualando las sensaciones de conducción y la precisión del modelo coupé. Esto permite que la suspensión haga su trabajo real en lugar de compensar la flexión del chasis, eliminando ese «tembleque» típico de los cabrios antiguos.

Pero la colaboración no se queda solo en esos refuerzos. También han metido mano en la aerodinámica del espectacular DLS Turbo, esa bestia ensanchada inspirada en los 934/5 de competición. Utilizando la dinámica de fluidos computacional (CFD), la misma tecnología que usan en los alerones de la F1, han mejorado la carrocería. Se optimiza la refrigeración de su motor por aire (aunque con culatas de agua en las versiones más extremas) y genera más carga aerodinámica sin arruinar la estética clásica.
Al final, esta alianza demuestra que la tecnología no sirve solo para hacer coches eléctricos o pantallas gigantes. También para que las leyendas del pasado, esos coches que huelen a gasolina y aceite, se conduzcan mejor que nunca. Red Bull pone el cerebro digital y Singer pone el alma analógica. Aunque para optar al resultado habrá que tener una abultada cartera...
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