
BMW Serie 2 Gran Coupé: la bofetada de realidad que los puristas no quieren aceptar
Hay una frase que se repite como un mantra entre los aficionados más puristas cada vez que BMW lanza un coche compacto: «Esto ya no es un BMW de verdad«. Lo dicen porque lleva tracción delantera (o total basada en delantera), porque no lleva motor longitudinal o porque su silueta no encaja en los cánones clásicos. Pues bien, tras probar el nuevo BMW 220d Gran Coupé, la conclusión es clara. A la inmensa mayoría de los compradores les importa un bledo la tradición, y este coche es la prueba rodante de ello.
Seamos honestos. El Serie 2 Gran Coupé no nace para satisfacer al que sueña con un M3 E46 de segunda mano. Nace para ese público que quiere «un BMW» (así, en genérico), que sea bonito, que gaste poco y que tenga una pantalla curva presidiendo el salpicadero. Y en eso, este coche cumple con creces. La polémica empieza con su estética. ¿Es un coupé? No. ¿Es una berlina? Tampoco del todo. Es ese híbrido de cuatro puertas y techo bajo que sacrifica la cabeza de los pasajeros traseros en el altar del diseño. Y funciona. Es un coche que hace girar cabezas a su paso.
Pero donde realmente reside la controversia es en sus entrañas. Hemos probado el Serie 2 Gran Coupé 220d: un diésel. En 2026, conducir un coche de gasóleo se siente casi como un acto de rebeldía antisistema, aunque uno realmente dulce. El motor de 163 CV con hibridación ligera es, probablemente, lo mejor del conjunto. Mientras el mundo se obsesiona con enchufes, este 220d te permite cruzar España del tirón con consumos ridículos y un empuje contundente. Es la mecánica lógica para quien vive en la carretera, aunque sea políticamente incorrecta.
Y llegamos al punto crítico: el comportamiento. «Es que es tracción delantera«, dirán los detractores. La realidad es que el 95% de los conductores no sabría distinguir si su coche empuja desde atrás o tira desde delante en una conducción diaria. BMW ha hecho magia con el chasis. El coche pisa con un aplomo envidiable, la dirección tiene ese peso característico de la marca y entra en curva con una agilidad que ya quisieran muchos compactos generalistas. No va a salir cruzado de una rotonda, pero tampoco lo pretende.

El BMW Serie 2 Gran Coupé 220d es un coche polarizante. Es caro y las plazas traseras son justas, incluso podemos decir que su plataforma no es «pata negra». Pero ofrece calidad de rodadura, tecnología puntera y esa imagen de marca que, nos guste o no, sigue siendo el argumento de venta número uno. Es un coche que no enamora a puristas, pero sí lo hace con quien busca un vehículo premium, eficiente y con estilo para el mundo real.
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