
¿Es la Mercedes Clase V el vehículo familiar para quien no renuncia a nada?
En un mercado saturado de SUV, donde casi todas las marcas compiten por ofrecer espacio, tecnología y confort, hay un modelo que lleva años jugando en otra liga: la Mercedes Clase V. Nacida como una evolución sofisticada de las furgonetas comerciales, la Clase V ha sabido reconvertirse en un monovolumen de lujo capaz de rivalizar con cualquier gran SUV del mercado. Pero, ¿es realmente el vehículo familiar perfecto?
Si algo convierte a la Clase V en una seria candidata al trono familiar es su espacio interior. Disponible en tres longitudes (compacta, larga y extralarga), ofrece entre 4,9 y 5,3 metros de longitud, con una distancia entre ejes generosa y una configuración de hasta ocho plazas. ¿El resultado? Un habitáculo donde adultos, niños y equipaje pueden convivir sin estrecheces, incluso en viajes largos.
La modularidad es clave: los asientos pueden deslizarse, plegarse o incluso retirarse para crear una auténtica “sala sobre ruedas”. Y a diferencia de muchos SUV grandes, el maletero sigue siendo gigantesco incluso con todas las plazas ocupadas. Perfecto para una familia numerosa, vacaciones con bicicletas o escapadas con el perro (o dos).
Mercedes no se ha limitado a ofrecer espacio: lo ha vestido con materiales de alta gama, una insonorización ejemplar y tecnología al nivel de sus berlinas de lujo. El conductor y el acompañante disfrutan de asientos eléctricos y calefactados, mientras que en la parte trasera es posible optar por butacas individuales con masaje, climatización independiente y reposapiés eléctricos.

La última actualización del modelo incluye el sistema MBUX con pantalla táctil, reconocimiento de voz y conectividad total con smartphones. Los más pequeños agradecerán los múltiples puertos USB, luces de lectura y mesas plegables opcionales. Todo está pensado para hacer de cada trayecto una experiencia cómoda y relajada, incluso cuando hay varios niños a bordo.
Queda claro que el Mercedes Clase V no es un coche para todos los públicos. Su tamaño y precio la sitúan en una categoría muy concreta. Pero si lo que buscas es el vehículo familiar definitivo, con espacio real para siete u ocho personas, modularidad extrema, lujo a bordo y el respaldo de una marca premium, pocas opciones están a su altura.
Es, en definitiva, una sala de estar con ruedas. Un lugar donde la familia no solo cabe, sino que viaja cómoda, segura y conectada. Y eso, en los tiempos que corren, vale su peso en oro.
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