
¿Sigue el Tesla Model Y marcando el ritmo de los eléctricos?
Si las cifras de ventas fueran indicador de cuál es el mejor modelos del mercado automovilístico, habría un vencedor claro. El Tesla Model Y no se coronó solo como eléctrico más vendido, también como coche más vendido del planeta. Es mucho decir para un modelo con una tecnología todavía en ciernes, pero aún así queríamos comprobar el porqué. Tras convivir una semana con la versión de Gran Autonomía con tracción total, llegan sensaciones tan impresionantes como polarizantes. Es un coche que te obliga a olvidar todo lo que sabías sobre coches.
Lo primero que golpea al subirte no es lo que hay, sino lo que falta. El minimalismo de Tesla es absoluto. No hay cuadro de instrumentos, no hay botones físicos para el climatizador y todo, absolutamente todo, pasa por esa inmensa pantalla táctil de 15 pulgadas. Es rápida, tiene una resolución envidiable y su interfaz está por delante de la competencia, eso es innegable. Pero tener que desviar la mirada para consultar la velocidad o navegar por menús táctiles para ajustar los espejos retrovisores o el volante sigue pareciéndome un error.
Sin embargo, cuando dejas de pelearte con la pantalla y pisas el acelerador, entiendes por qué este coche ha conquistado el mundo. La dinámica de esta versión del Tesla Model Y es muy destacada. No es solo la patada instantánea de sus dos motores, que dejaría en ridículo a muchos deportivos de combustión. Es la eficiencia con la que gestiona la energía. Tesla sigue teniendo la varita mágica en lo que a consumos se refiere y es fácil lograr cifras cercanas a los 16 o 17 kWh/100km en conducción mixta.
A nivel de habitabilidad, el Model Y juega en otra liga. El espacio interior es destacado, con un suelo plano que permite estirar las piernas y un techo panorámico de cristal que deja pasar mucha luz (aunque habría que ver en verano sin cortinilla). Y qué decir del maletero, su capacidad es sobresaliente y no pasan desapercibidos ni el hueco trasero ni el frunk delantero. Pero quizás el argumento de venta definitivo no esté dentro del coche, sino fuera.

La red de Supercargadores sigue siendo ese muro infranqueable que separa a Tesla del resto. Llegar, enchufar y cargar sin pelearse con aplicaciones de terceros o tarjetas que no funcionan es un lujo que, a día de hoy, vale su peso en oro. En definitiva, el Tesla Model Y no es perfecto. Su suspensión es algo seca, su aislamiento acústico ha mejorado pero no es el mejor del segmento y su ergonomía táctil requiere un periodo de adaptación que no todo el mundo está dispuesto a pasar.
Pero como producto global, como herramienta de movilidad eléctrica, es imbatible. No te compras un Model Y porque te apasione conducir, te lo compras porque es la decisión lógica, el «iPhone» de los coches que hace que todo lo demás parezca repentinamente antiguo. Bienvenido a la era la que el vehículo pasa a ser un gadget más (para desgracia de muchos).
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