
Bonneville Salt Flats: el desierto de sal ideal para batir récords de velocidad
En el mundo del motor, hay pocos lugares tan emblemáticos como los Bonneville Salt Flats. Este vasto desierto de sal, ubicado en el estado de Utah (Estados Unidos), se ha convertido en sinónimo de velocidad extrema y récords mundiales. Desde hace más de un siglo, pilotos, ingenieros y fabricantes de automóviles han acudido a sus llanuras blancas para desafiar los límites de la física y dejar su nombre grabado en la historia del automovilismo.
Localización y características únicas
Los Bonneville Salt Flats se extienden a lo largo de más de 100 kilómetros cuadrados al oeste de Salt Lake City, cerca de la frontera con Nevada. Se trata de un antiguo lecho de lago que, tras evaporarse hace miles de años, dejó una capa de sal de hasta 1,5 metros de grosor en algunas zonas. Su superficie es excepcionalmente plana, lisa y compacta, ideal para alcanzar velocidades extremas sin obstáculos ni pendientes.

El clima seco y la escasa vegetación hacen que sea una de las pocas zonas del mundo donde se pueden realizar pruebas de velocidad de forma segura y sostenida. No obstante, la sal es un entorno hostil: corroe los materiales, deteriora los neumáticos y exige una preparación meticulosa de cualquier vehículo que se atreva a pisarla.
Origen de los récords de velocidad
Los primeros intentos de batir récords en Bonneville datan de la década de 1910, pero fue en 1935 cuando el lugar adquirió fama internacional gracias al piloto británico Sir Malcolm Campbell, quien alcanzó los 484 km/h con su Blue Bird V. Desde entonces, Bonneville ha sido escenario de los récords de velocidad en tierra más importantes del mundo, convirtiéndose en el epicentro de la cultura speed freak.

A lo largo de las décadas, la lista de hazañas se ha ido multiplicando: Craig Breedlove rompió la barrera de los 600 mph (965 km/h) en los años 60, y equipos como Thrust SSC marcaron hitos históricos al superar la barrera del sonido en 1997. Recientemente se ha vuelto a la carga con este tipo de récord a través del Bloodhound SSC. Se estimaba que podría alcanzar los 1.600 km/h y querían hacerlo en el Bonneville Salt Flats, pero finalmente se quedaron sin fondos y dejaron el proyecto de lado.
Marcas y fabricantes en busca de la gloria
Además de pilotos independientes y equipos de récords, numerosos fabricantes de automóviles han utilizado Bonneville como escenario de pruebas de velocidad punta o de validación técnica. Jaguar, Audi, Ford, Dodge, Bugatti y Triumph son solo algunos de los nombres que han llevado sus modelos más radicales al salar. Incluso las motos tienen su lugar: Triumph ha desarrollado prototipos específicos para superar los 640 km/h sobre dos ruedas.
Speed Week y otros eventos emblemáticos

Cada año, especialmente en agosto y septiembre, se celebran eventos organizados por la Southern California Timing Association (SCTA) como la famosa Speed Week. Durante esta semana, decenas de equipos de todo el mundo se dan cita para competir en distintas categorías y perseguir nuevos récords.
La comunidad que gira en torno a estos encuentros es única: desde ingenieros aeroespaciales hasta amateurs con mecánicas caseras, todos comparten una obsesión por alcanzar la mayor velocidad posible sobre ruedas. No es raro ver vehículos propulsados por motores de aviación, turborreactores o sistemas híbridos experimentales.
Retos medioambientales y futuro incierto

Pese a su mística, los Bonneville Salt Flats enfrentan problemas de conservación. La actividad minera en las zonas adyacentes ha reducido la cantidad de sal que se acumula cada año, debilitando la superficie y acortando la temporada de uso. Esto ha llevado a que en algunos años se hayan cancelado eventos por falta de condiciones adecuadas.
Organizaciones como «Save the Salt» luchan por preservar este ecosistema único, y en los últimos años se han iniciado proyectos de restauración para revertir la pérdida de sal y garantizar el futuro de las competiciones.
Bonneville es mucho más que un lugar geográfico. Es un símbolo de la pasión humana por superar límites, por convertir lo imposible en realidad. Cada grano de sal que compone sus planicies ha sido testigo de epopeyas mecánicas y hazañas imposibles. Y mientras exista la voluntad de ir más rápido, Bonneville seguirá siendo el templo definitivo de la velocidad.
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