
Las dos Europas en cuanto a alcohol al volante: diferencias y riesgos
Mezclar alcohol y conducción sigue siendo una de las peores decisiones que se pueden tomar al volante. Una prueba la da la Comisión Europea, que hace un balance de las muertes en carretera por alcoholemia y las cifras son estremecedoras. A pesar de las campañas de concienciación y de los controles en carretas, todavía hoy un 15,4 % de los conductores confiesa haber conducido tras haberse bebido una copa. Queda claro que el sentido común no siempre impera y por eso se abre el debate sobre un endurecimiento de las leyes.
En la actualidad, Europa se encuentra dividido en dos grandes bloques legislativos en lo que respecta a la tasa máxima de alcohol permitida. Por un lado, tenemos a la mayoría de los países, entre los que todavía se encuentra España, que se rigen por la antigua recomendación europea del año 2001. Dicha directriz establecía un límite máximo de 0,5 gramos de alcohol por litro de sangre para la población general de conductores. Si hablamos de límite en aire aspirado, son los famosos 0,25 mg/l.

Sin embargo, cada vez cobra más fuerza lo que ya se conoce como la «Europa del 0,2». Hasta nueve países de la Unión Europea han dado el paso valiente de rebajar su límite legal a esos 0,2 g/l o incluso han instaurado la tolerancia cero total. Naciones como Suecia, Polonia, República Checa o Noruega lideran esta corriente mucho más restrictiva. Un caso curioso y muy exitoso es el de Estonia, donde su policía de tráfico aplica de forma estricta el límite de 0,2 g/l desde el año 2000, respaldado siempre por un control policial sostenido y muy visible.
Desde organismos internacionales como el Consejo Europeo de Seguridad del Transporte (ETSC), aseguran que acogerían con gran satisfacción la llegada de una nueva directiva comunitaria que impusiera directamente la tolerancia cero para todos los conductores, reforzando significativamente las normativas vigentes. Más allá de reducir las tasas sobre el papel, algunos socios europeos están explorando soluciones tecnológicas con excelentes resultados.

Bélgica se ha convertido en un modelo de éxito gracias a sus programas de rehabilitación, que obligan a los infractores reincidentes a instalar dispositivos de bloqueo por alcohol en sus vehículos. Estas tasas de participación son muy elevadas, superando los 2.500 programas activos en el año 2024, lo que proporciona datos valiosos para orientar las futuras políticas de seguridad. Mientras tanto, en España nos encontramos en pleno punto de inflexión.
Existe una proposición de ley para igualar nuestra normativa a la de esos nueve países pioneros e implantar definitivamente el límite del 0,2 g/l. Asociaciones de víctimas como Stop Accidentes, confían en que esta reducción sea pronto una realidad en nuestro país. El consenso general es que la sociedad española, al igual que la europea, ya está madura y preparada para asumir este cambio. Al final, el objetivo no es otro que demostrar que la única tasa verdaderamente segura cuando nos sentamos al volante es el cero absoluto.
Fuente: DGT
Noticias relacionadas

Después de todo, parece que los coches sin etiqueta podrán seguir en Madrid

El impacto del ABS en la seguridad: hasta 158 fallecidos menos al año si todos lo llevasen

España está bien posicionada de cara a la electrificación, pero todavía a años luz de los referentes

Europa aprueba una dotación de 200 millones de euros para impulsar la producción de vehículos eléctricos en España
¿Te ha gustado esta prueba?
Subscríbete y no te pierdas las últimas novedades cada semana



