
¿Es necesario un impuesto a los robots y una regulación de la IA en el sector del automóvil?
La revolución tecnológica está transformando las fábricas de coches a una velocidad de vértigo. Cada vez es más habitual ver cadenas de montaje donde brazos robóticos y avanzados sistemas de inteligencia artificial asumen tareas complejas que hasta hace muy poco dependían exclusivamente de las manos humanas. Una nueva generación de robots humanoides están llegando y captando la antención de los fabricantes. Tanto es así, que se habla de las dark factories, instalaciones sin personas que podrían estar funcionando para 2030. Esta situación nos lleva a un debate por el futuro del sector.
Más allá de la productividad o de los márgenes de beneficio, existe un riesgo de que este movimiento se descontrole hasta el punto de acabar con el empleo en las fábricas. En este marco, se plantea por primera vez un impuesto a los robots y una regulación de la IA en el sector del automóvil. Es una propuesta del sindicato UGT FICA (Federación de Industria, Construcción y Agro), que se preocupa con el actual modelo socioeconómico debido a la expansión tecnológica acelerada que estamos viviendo.

Lo abordan desde una postura comprensiva con la evolución y reconocen que estas modernas herramientas son muy positivas para el desarrollo general de la sociedad. Sin embargo, UGT denuncia la falta de rigor y el descontrol que impera en la actual carrera tecnológica de los fabricantes. Su principal preocupación radica en que esta transición ponga en grave peligro el nivel de empleo de las fábricas y, de paso, termine debilitando la viabilidad y el sostenimiento del Estado de Bienestar.
De ahí esa llamativa medida que proponen al Gobierno y que consiste en la creación de un impuesto específico destinado a los robots y el establecimiento de una regulación ética que rija las decisiones de la inteligencia artificial. La nueva normativa requeriría de debate y adecuación por parte de los entes protagonistas, pero el objetivo es claro. No es lo mismo aprovechar la innovación para mejorar el día a día de las plantillas, que utilizarla para multiplicar beneficios sin importar las consecuencias fiscales y sociales.

Yendo un paso más allá, también se debate el cómo aprovechar esa hiperproductividad robótica que se conseguiría en las fábricas. Ya se habla de una reducción de la jornada laboral hacia las 32 horas semanales sin que repercuta en el salario. Eso permitiría una mejora en las condiciones de vida, garantizando que el avance tecnológico no termine vulnerando los derechos laborales. En todo caso, hablando de un desafío mayúsculo que también requiere de intervención política e incluso de trasladarlo a un marco europeo. Veremos cómo evoluciona y si finalmente llega ese gravamen a la robótica en las fábricas.
Fuente: UGT FICA
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