
Oldsmobile Vista Cruiser: el familiar que buscaba mirar al cielo
Aunque ahora parezca imposible, hubo un tiempo en el que los viajes por carretera no estaban dominados por los SUV. Ni siquiera por los monovolúmenes.. En la dorada época de los años 60 y 70, mercados como el estadounidense tenían una clara vocación por los station wagons, grandes vehículos familiares que hacían kilómetros con el aplomo de un transatlántico. Dentro de esta particular edad de oro de la automoción norteamericana, un modelo brilló con luz propia. El Oldsmobile Vista Cruiser combinó un diseño llamativo con motores propios de un deportivo.
Este modelos salía al mercado en 1964, bajo el paraguas del gigante General Motors y con el objetivo de revolucionar el concepto de espacio y luminosidad a bordo. Su principal seña de identidad, y la que le otorgó su nombre comercial, era un espectacular techo elevado sobre la segunda fila de asientos que integraba unas ventanas panorámicas tintadas. Esta cristalera superior estaba dividida en varias secciones y permitía a los pasajeros traseros disfrutar de una vista novedosa del cielo y del entorno.

De puertas para adentro, este Oldsmobile era un auténtico derroche de espacio, madera simulada y confort sin complejos. A diferencia de muchos de sus rivales directos, que apostaban por integrar una tercera fila de asientos orientada hacia el portón trasero, el Vista Cruiser se desmarcó ofreciendo una banqueta adicional orientada hacia delante, todo un acierto ergonómico para evitar mareos en los viajes largos.
Mover este ejemplar de más de cinco metros de longitud exigía una mecánica a la altura de las circunstancias. No escatimaron en potencia y equiparon al familiar con la familia de motores Rocket V8. Las opciones mecánicas fueron creciendo progresivamente con el paso de los años, culminando en la segunda generación con el bloque de 455 pulgadas cúbicas (7.5 litros). Con más de 300 CV, conseguía unas prestaciones más que suficientes para viajes largos con carga completa.

La crisis del petróleo de 1973 fue la que acabó con este tipo de vehículos, grandes y sedientos de gasolina. La tercera generación del modelo seguiría hasta 1977, pero sin el icónico techo de cristal en favor de una carrocería mucho más convencional y barata de producir. Sin embargo, el vehículo ya se había ganado un hueco inamovible en la historia de la automoción. Décadas más tarde, el Vista Cruiser experimentó un resurgimiento global gracias a la pequeña pantalla.
Su aparición estelar como el coche del joven Eric Forman en la popular comedia televisiva «Aquellos maravillosos 70» lo elevó a la categoría de icono de la cultura pop, presentándolo a una nueva generación que jamás lo había visto en los concesionarios. Incluso se ha dejado ver en buena forma en series más recientes como «Love & Death». Es la representación de todo lo que ha desaparecido en el mundo del motor: diferenciación, opulencia y mecánicas desmedidas. Eso le da un romanticismo más que evidente.
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