
Itala: otra marca mítica que vuelve a la vida con sangre china gracias a DR Automobiles
Si eres un romántico del motor y te interesa su cultura, el nombre de Itala te sonará a épica en blanco y negro, a pilotos con gafas de aviador y caras manchadas de grasa. Esta marca turinesa, fundada en a principios del siglo XX, fue la Ferrari de su tiempo antes de que Ferrari existiera. Alcanzó la gloria al ganar la mítica carrera Pekín-París de 1907, con el príncipe Scipione Borghese a los mandos de un 35/45HP. Itala desapareció en los años 30, víctima de las crisis de entreguerras, pero parece que en 2026 podría volver a las carreteras.
La noticia, confirmada por medios italianos, apunta a que DR Automobiles se ha hecho con los derechos de la marca. Y aquí es donde la historia se pone interesante y adopta una estrategia ya conocida. DR no es un fabricante convencional, una empresa italiana con sede en Molise que ha crecido exponencialmente gracias a importar tecnología y componentes de gigantes chinos (como Chery, JAC o BAIC). Ensambla sus coches en Italia con un diseño ligeramente adaptado y los vende a precios competitivos, pero por sus entrañas corre sangre china.

Para DR, hacerse con Itala es una jugada maestra de marketing. Hasta ahora, DR era vista como una marca económica de origen asiático ensamblada en Europa. Al poner el escudo de Itala en el capó, automáticamente compran un siglo de pedigrí, herencia y emoción. El plan es utilizar esta enseña histórica para lanzar una línea de vehículos más premium y exclusivos, seguramente electrificados, separándolos de su gama generalista actual. Es vestir la tecnología china con un traje de alta costura italiana.
Lo fascinante de este movimiento es que no es un caso aislado, sino el reflejo de una tendencia europea que nos toca muy de cerca. En España estamos viviendo exactamente lo mismo con el renacimiento de Ebro. La mítica marca de camiones y tractores ha vuelto a la vida en la Zona Franca de Barcelona, pero no lo ha hecho sola. Su resurrección ha sido posible gracias a una alianza estratégica con el gigante chino Chery (curiosamente, uno de los socios habituales de la italiana DR). También podríamos mencionar el movimiento de Santana y su fábrica de Linares.

El patrón es idéntico: una marca histórica local que despierta sentimientos de nostalgia y orgullo en el comprador europeo, impulsada por el músculo industrial y tecnológico de China. Al final, estos fabricantes necesitan «puertas traseras» para entrar en el mercado occidental sin sufrir el rechazo a lo desconocido. Puede que los puristas se rasguen las vestiduras al saber que bajo el capó no habrá un motor artesanal turinés, sino tecnología de oriente. Pero seamos honestos siempre es curioso ver la vuelta de una leyenda.
Fuente: Motor1
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