
Aunque no lo creas, Gazoo Racing surgió a raíz de que el presidente de Toyota compitiera de forma clandestina
Hay muchos usuarios nunca habrían pensado que las palabra «emoción» y «Toyota» podían ir en la misma frasa. La marca japonesa era la reina indiscutible de la fiabilidad, creadora de vehículos infalibles, pero también poco emocionantes. Y, sin embargo, hoy vemos en su gama bestias como GR Yaris, el GR Corolla o el nuevo GR GT. ¿Cómo demonios pasaron del Prius y de la hibridación a este nivel de deportividad? La respuesta la tiene un protagonista clave: Akio Toyoda, el directivo que se puso un casco y usó un nombre falso para catapultar su compañía.
Para entender el nacimiento de Gazoo Racing hay que retroceder dos décadas trás en el tiempo. Por aquel entonces, la competición de Toyota estaba centrada en la Fórmula 1, que fue para ellos un pozo sin fondo de dinero que no aportaba nada a los coches de calle. Akio Toyoda, entonces vicepresidente, tenía una visión diferente. Bajo la tutela del legendario piloto de pruebas Hiromu Naruse, Akio entendió que para fabricar mejores coches, había que desarrollarlos en el circuito. Pero había un problema mayúsculo.

La junta directiva y los accionistas detestaban las carreras, las veían como un gasto innecesario y peligroso. Ante la negativa de la cúpula a financiar un equipo oficial, Akio tomó una decisión controvertida. Decidió competir de todos modos, pero en secreto. No podían usar el nombre «Toyota Racing» ni los presupuestos oficiales. Así que recurrieron a un nombre extraño que la marca usaba para un portal web de venta de coches usados: «Gazoo» (que deriva de la palabra japonesa para «imagen»).
Bajo este término nacería un equipo de carreras real formado por mecánicos de la fábrica que trabajaban en sus horas libres. El escenario elegido para el crimen perfecto fue el Infierno Verde: las 24 Horas de Nürburgring de 2007. Para no alertar a la prensa ni a los inversores, Akio Toyoda se inscribió bajo el seudónimo de «Morizo», el nombre de la mascota de la Exposición Universal de Aichi. Allí, en el circuito más peligroso del mundo y a los mandos de un par de Altezzas (Lexus IS) usados y un Supra que ya había visto días mejores, nació el espíritu de Gazoo Racing.

No buscaban ganar trofeos, sino sobrevivir y aprender cómo mejorar los coches en esas situaciones. Aquella aventura clandestina fue la semilla de todo. Cuando Akio asumió la presidencia en 2009, trajo consigo esa filosofía de «carreteras salvajes forman coches robustos». Lo que empezó como una rebelión de fin de semana se ha transformado hoy en una división que no solo gana Le Mans y el WRC, sino que funciona como una marca independiente dentro del gigante japonés.
Gazoo Racing es la parte más petrolhead de Toyota, la contrapartida a sus millones de coches híbridos vendidos. Hoy, cada vez que ves un logotipo «GR» en la calle, estás viendo el resultado de la terquedad de un hombre que tuvo que esconderse bajo un casco y llamarse Morizo para recordar al mundo (y a su propia empresa) que los coches están hechos para ser conducidos, no solo para ser vendidos. Akio Toyoda demostró que, a veces, para ser un buen presidente, primero tienes que bajar al barro.
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