
Mazda CX-5 e-SkyActiv G: prueba a fondo del SUV diferente, ahora más sensato y maduro
Llegó la hora de probar a fondo el Mazda CX-5 2026. La tercera generación del SUV compacto que conocimos en Alemania y del que ya te hemos contado cómo es en esencia.
Ahora, el Mazda CX-5 es un SUV más grande, con mayor maletero y más tecnológico. Hasta aquí todo normal, ya que lo habitual es que los coches crezcan y el precio también. Pero Mazda parece haber decidido hacerle un regalo a las familias que buscan SUV con clase. Y es que la gama arranca desde 30.995 euros con promociones. Eso significa que es 2.300 euros más barato que el modelo anterior.

¿Dónde está el truco? ¿Sigue siendo el modelo atrevido y diferente que era? Es lo que vamos a intentar descubrir en este vídeo. La marca asegura que mantiene el espíritu “Alma del movimiento” pero lo ha hecho más familiar y maduro. Después de una semana conviviendo con él, puedo confirmarte que es un coche más sereno.
Así que voy a contarte sin filtros todo lo que ha cambiado y si sigue mereciendo la pena el Mazda CX-5 o se ha vuelto un SUV “del montón”. Sin descuentos, la gama se mueve entre 35.200 y 43.480 según acabado y tracción. Recuerda que puedes encontrar ofertas del Mazda CX-5 en nuestra sección de coches nuevos, publicadas por concesionarios oficiales de la marca. También contamos con herramientas para financiar el coche.
Exterior
A primera vista, el nuevo CX-5 sigue pareciendo un Mazda. Y eso es buena noticia. Conserva las líneas del diseño Kodo, ese lenguaje de curvas fluidas y proporciones equilibradas que dan una sensación de movimiento incluso cuando el coche está aparcado. El frontal mantiene el característico morro afilado con parrilla tridimensional y faros LED más delgados que antes, lo que le da un toque menos agresivo.

En el lateral lo que más aprecia es el crecimiento del coche, que gana 11,5 cm respecto al anterior. Eso sí, no se percibe tan grande como realmente es, sino que sigue pareciendo ágil y bien proporcionado. Si eliges el acabado Homura tienes detalles en negro (nuestra unidad suma además un paquete aerodinámico opcional) y llantas de 19 pulgadas, también en negro.
El nuevo Mazda CX-5 se va a los 4.690 mm de longitud, de los que 2.815 mm corresponden a la distancia entre ejes. Ha crecido tanto que apenas es 5 cm más corto que el Mazda CX-60. Otras cotas son los 1.860 mm de ancho o los 1.695 mm de altura.

Comparado con un Hyundai Tucson o un Kia Sportage, el CX-5 mantiene una estética más sobria y menos recargada. Mazda sigue confiando en su fórmula de elegancia discreta frente al exceso de geometría.

Detrás, encontramos nuevos pilotos LED más finos y parecidos a los del CX-60, con el nombre de la marca, Mazda, escrito entre ellos. El difusor bajo es más ancho y deja una doble salida de escape a la vista, que siempre da ese punto deportivo. En conjunto, el coche ha ganado presencia, pero sin perder su personalidad.
Interior
En el canal puedes encontrar tres pruebas de la anterior generación del Mazda CX-5. La original de 2017 y dos del restyling comn diferentes motores. En todas alababa dos cosas de los interiores de Mazda. La calidad de acabados y la ergonomía. Lo menciono porque cambia mucho en esos dos aspectos.

¿Tiene malos acabados? Pues no, pero es cierto que hay más plásticos duros que antes. Lo vemos en el salpicadero, zonas altas de las puertas, laterales de la consola central y la guantera ha perdido su forro.
Tranquilo, no es un Dacia y la calidad visual (eso que llaman calidad percibida) sigue siento muy elevada y zonas que tocas más como reposabrazos o volante son de muy buena factura. La clave aquí es que es un coche global y en otros mercados es calidad no importa tanto como en Europa… y que hay que diferenciarlo del Mazda CX-60, al que se acerca en tamaño. Eso sí, me quedo con el diseño y funcionamiento de la palanca del cambio del este.

Segunda cuestión: ergonomía. Mazda apostaba por botones y mandos físicos y ahora muchas de las funciones pasan a estar en la pantalla. Tiene 12,9 pulgadas de serie o 15,6 en este acabado superior (más grande que mi portátil, de 13,3).
¿Por qué? Pues porque lo pedían los clientes de Mazda. Eso me decían desde la marca y también mi vecino, que dice que es lo único que echa de menos en su Mazda CX-5 de segunda generación. Además, con la profusión de apps, cada una con menús diferentes, era complicado el manejo con ese mando giratorio.

Mazda en este sentido ha optado por una solución magnífica: apostar por Google integrado. Así cuentas con la navegación de Google Maps y acceso a aplicaciones como Spotify, Waze o Netflix.
Va bastante fluida, los menús se han estructurado bien, aunque echo de menos dos cosas: iconos algo más grandes y diferenciados, por un lado… y por otro algún mando físico para la climatización. Apenas se han conservado los del desempañado de lunas. Eso sí, en breve llega la actualización que permitirá usar Gemini, la IA de Google, para pedirle que baje unos grados la temperatura sin tener que desviar la vista.

Al menos Mazda ha conservado el botón para desactivar los avisos de la ADAS, que es maravilloso y en el volante trae mandos hápticos de los que mostré bastante escéptico en la presentación. He de decir que van bien. Son mucho más cómodos de usar que los de Volkswagen (no se activan solos cuando rozas el volante, lo cual parece un milagro.
Lo que no ha variado es la posición de conducción. Dominante, elevada, pero con las piernas estiradas. Asientos muy cómodos, con ajustes eléctricos en esta versión, que además vienen calefactados y ventilados y muchas regulaciones. Hay espacio de sobra incluso para los más altos. Tanto para las piernas como para la cabeza, ya que el techo panorámico no resta espacio.

Pero donde gana espacio este coche es en las plazas traseras. Son otra historia. Han pasado de un bien a un sobresaliente. Beneficiadas por la mayor distancia entre ejes, ofrecen mucho más hueco para piernas. Ya está a la altura de un Volkswagen Tiguan o un Kia Sportage. Y eso antes no pasaba.
A ellas se accede realmente bien ya que las puertas se abren casi 90º y eso facilitará subir a niños a sus sillas. En anchura no va mal, pero el quinto pasajero tendrá que lidiar con el túnel de transmisión (hay versiones de tracción total) y un asiento algo menos confortable porque oculta un reposabrazos. No faltan salidas de aire, dos tomas USB-C, asientos calefactados en el acabado superior… e incluso respaldos con dos posiciones de inclinación (no es mucho, pero algo es algo).
Maletero
Crece el interior y también el maletero. Ha pasado de 506 a 583 litros, por lo que se codea con los mejores del segmento. Más cosas buenas: el piso está algo más bajo y tiene una boca de carga más amplia, lo que facilita meter cosas grandes.

Ahora tiene una cortinilla convencional… aunque a mi me gustaba más el sistema anterior que iba unido al portón, me parecía más práctico. Eso sí, no faltan detalles prácticos como ganchos para fijar la carga, iluminación lateral o una toma de 12 voltios. También tiene un doble fondo compartimentado muy socorrido, aunque en el acabado Homura el subwoofer roba buena parte. Eso sí, no tanto como para no poder colocar el estor cuando no lo necesitas.

Los respaldos de los asientos traseros están divididos en dos partes, en proporción 40:20:40. Puedes abatirlos, tirando de unas palancas en los laterales del maletero para conseguir un espacio enorme de 2.019 litros hasta el techo. Suficiente para cargar la bici y el equipo de senderismo completo.
Motor
Por ahora Mazda sigue apostando por lo tradicional en algunos aspectos como la mecánica. Apuesta por un motor atmosférico, en este caso el 2.5 e-Skyactiv G de 141 CV que conocimos en nuestras pruebas del Mazda 3 y del Mazda CX-30.

Mecánica de cuatro cilindros, con microhibridación de 24 V y etiqueta ECO que en este caso se asocia de manera exclusiva al cambio automático de seis relaciones de convertidor de par. Entrega 238 Nm de par, que sobre el papel no parece mucho y tiene unas prestaciones suficientes: 0 a 100 km/h en 10,5 segundos y punta de 187 km/h.
En la presentación de este modelo cené con Christian Schultze, director de Operaciones de Mazda Motor Europa. Le comentaba que me parecía una gama mecánica escasa para un coche tan importante para la marca. En 2027 se espera un motor híbrido e-Skyactiv-Z, del que no soltó prenda, más allá que trabajan en él, que lo están probando y será tecnología 100 % Mazda, nada de Toyota.

También le pregunté si barajaron en algún momento equipar el e-SkyActiv X de ignición por compresión. Lo hicieron, pero la homologación ahora se hace con diferentes cargas de revoluciones y en alguna no cumplía y no compensaba hacer la inversión para que pasase ese examen.
Ya llegará el momento de ver qué propone Mazda con ese híbrido. Ahora veamos cómo va este motor clásico y grande: 2.488 cc y si se acerca o no, a los 7 l/100 km que homologa de consumo.
Comportamiento
Dice el refrán que se cuenta el pecado pero no el pecador. Esto lo digo porque muchos me dicen que el CX-5 no es un coche rápido. Discrepo, porque son los mismos que me dicen que el Mazda MX-5 no corre. Que un coche no tenga turbo, que haya que estirar las marchas para que entregue la potencia es algo que la “dieselización” del parque móvil nos ha hecho olvidar.

De acuerdo, este CX-5 no tiene unas prestaciones apabullantes, pero me ha parecido bastante ágil. Y sí, ahora este 2.5 tiene 141 CV y el anterior 2.0 alcanzaba 165 CV, pero entrega más par a bajas y medias revoluciones, que es como solemos llevarlo la mayor parte del tiempo. Antes, con el cambio manual tenías que jugar mucho para que el coche ganase respuesta, ahora puedes hacerlo con la palanca o con las levas tras el volante, pero no es necesario subirlo tanto de vueltas como antes para que reaccione.
Dicho esto, si hasta ahora Mazda seguía la filosofía dinámica del descapotable en toda su gama, ahora la cosa cambia. Y es que, obviamente, no es lo mismo un roadster biplaza que un Mazda CX-80. En el Mazda CX-5 se han suavizado muelles, barras estabilizadoras, amortiguadores… y el resultado es un coche más cómodo, que se disfruta más de otro modo.

En ciudad y autopista, el CX-5 va de cine. Suspensión filtrada, motor suave y una dirección más progresiva lo convierten en compañero ideal para viajes largos. También mejora su aislamiento y solamente con asfaltos muy rugosos el ruido de rodadura asoma más de la cuenta. Cuando aceleras oyes algo el motor, pero con un sonido en absoluto molesto.
Hay un peaje a pagar por ese confort: el toque directo al volante que hacía que un CX-5 se disfrutase mucho en carretera de curvas. Este nuevo modelo no es torpe, pero ha perdido algo de esa sensación de conexión con el coche que era su sello de identidad. Tienes un modo Sport que aprecias en un cambio y acelerador, pero no la dirección dura y directa de antaño.

Los clientes de la marca pedían también esa mayor comodidad. Casa muy bien con este motor que funciona con suavidad y entrega la potencia de forma lineal como pocos. El sonido es agradable, y la respuesta del acelerador está bien calibrada. Algo ruidoso a plena carga, pero no molesto.
Esa filosofía también casa genial con lo bien afinados que están los sistemas de ayuda a la conducción. Un mantenimiento de carril que apenas interviene si no hace falta, control de crucero adaptativo sin tirones o frenazos… Se nota un ajuste humano detrás, no una máquina obsesionada por salvarte cada cinco segundos.
Y en cuanto a consumos, varias cosas. Te moverás normalmente en el entorno de esos 7 l/100 km. De hecho, yo me he movido estos días entre 5,6 y 8,3 l/100 km. ¿Consumos más bajos? En carreteras secundarias a media carga. No se dispara en exceso en autovía pero sí bastante en ciudad. Se nota ahí que la hibridación no es muy ambiciosa, con una batería suficiente para la etiqueta ECO, pero de apenas 0,17 kWh.
Opinión coches.com
Pedían los clientes de Mazda un CX-5 con más tecnología, más espacio interior y más maletero. Todo concedido. Esa mayor conectividad ha acabado con unos cuántos botones por el camino pero apostar por Google facilita las cosas a los neófitos en pantallas.
He leído en varios sitios que este CX-5 ya no es “tan Mazda”. No me atrevo a tanto. Diría más bien que ha evolucionado, siguiendo el camino de CX-60 y CX-80. Sigue teniendo esa conducción elegante de otros modelos de la firma, tan progresiva, ahora más confortable. Sí es cierto que los que esperen un Mazda “divertido” se quedarán con ganas de más. Ahora es un SUV más “de consenso”. Y con un precio muy, pero muy, competitivo.

¿Vale la pena comprarlo? Para familias que prioricen espacio, confort y buena relación calidad/precio: sí, sin duda. Para conductores que priorizan sensaciones: mejor porbarlo. Y si necesitas consumos urbanos muy bajos, toca esperar al híbrido.
Yo defino al nuevo Mazda CX-5 como ese amigo que siempre era el alma de las fiestas y ahora que es padre sigue siendo el mismo… pero sabe cuándo levantar el pie del acelerador. Sigue siendo agradable… y también más sensato y maduro.
- Amplitud interior, sobre todo en las plazas traseras
- Relación precio/producto insuperable
- Sedosidad del motor y fiabilidad
- Calidad de acabados por detrás del CX-60
- Consumos en ciudad sensibles
- Dirección menos directa que antaño
Mazda CX-5 e-SkyActiv G: prueba a fondo del SUV diferente, ahora más sensato y maduro. Galería de fotos
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