
¿Podrían los coches autónomos reducir las emisiones? Parece que sí y en gran medida
La idea del coche autónomo lleva mucho tiempo en el tintero, pero la sensación es que nunca se terminará haciendo realidad. Eso de que vayamos a poder ir leyendo el periódico o echando una cabezada mientras el vehículo nos lleva a la oficina requiere que la tecnología siga avanzando a buen ritmo. Sin embargo, un estudio reciente revela otra ventaja que traería este tipo de movilidad en el futuro, más allá de la comodidad. La conducción autónoma tiene el potencial de reducir las emisiones de CO2 y el consumo de energía hasta un 20 %, consiguiendo un nivel de eficiencia inédito hasta la fecha por motivos bastante lógico.
Hay que reconocer que el problema fundamental del tráfico actual somos, básicamente, los humanos. Las personas conducimos de manera imperfecta e ineficiente, generando incluso lo que los expertos llaman «ondas stop-and-go» o el temido efecto acordeón en las retenciones. Cuando un conductor frena un poco más de la cuenta, el de atrás reacciona tarde y frena más fuerte, y diez coches más atrás el tráfico se detiene por completo sin que haya habido ningún accidente. Los vehículos autónomos y conectados actúan evitando este fenómeno, pues se anticipan y mantener velocidades constantes.

Se estima que eliminar estas oscilaciones absurdas podría reducir el consumo y las emisiones hasta un 40 % en los tramos afectados. La otra gran revolución llegaría en los semáforos. A día de hoy, la salida de un semáforo es un proceso ineficiente y escalonado: se pone en verde, reacciona el primero, luego el segundo, y así sucesivamente. La tecnología autónoma permitiría lo que podríamos llamar una «salida de Fórmula 1 sincronizada», donde todos los vehículos arrancan al unísono. Esto, sumado a una llegada más inteligente a las intersecciones para evitar paradas completas, podría ahorrar hasta un 30 % del tiempo en semáforos saturados.
Lo fascinante de este estudio es que no necesitamos esperar a un futuro lejano donde todos los coches sean robots. Los datos sugieren que incluso una pequeña penetración de vehículos autónomos en nuestras carreteras ya tendría efectos positivos inmediatos. Estos coches actuarían como «marcapasos» del tráfico, amortiguando los comportamientos erráticos de los conductores humanos que los rodean y suavizando la circulación general.

Si trasladamos todo esto a cifras nacionales, el impacto es bastante impresionante. Hablamos de un ahorro estimado de entre 14,4 y 16,4 millones de toneladas de CO2 al año en España. Además del beneficio ambiental, recuperaríamos algo muy valioso: el tiempo. Se calcula que podríamos tardar hasta un 15 % menos en nuestros desplazamientos habituales afectados por congestión. Al final, parece que la conducción perfecta de una máquina es aburrida, suave y predecible; pero es exactamente el tipo de aburrimiento que le vendría bien al medio ambiente y a las grandes ciudades.
Fuente: Carglass
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