
Por qué batimos récords de emisiones de CO2 a pesar de las energías verdes
Si el mundo fuese un paciente en la UCI, el último informe del Global Carbon Budget (GCB) sería el parte médico que confirmaría que su fiebre no sólo no baja, sino que sigue aumentando. La conclusión es contundente: en 2025, las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) alcanzarán un máximo histórico de 38.100 millones de toneladas, un 1,1% más que el año anterior.
Esta noticia llega envuelta en una paradoja desoladora. Nunca habíamos tenido tanta tecnología verde, tanta capacidad instalada de energías renovables ni tanta conciencia climática. Y, sin embargo, el termostato del planeta sigue subiendo. ¿Cómo es posible? La respuesta es compleja y nos habla de un desfase peligroso entre nuestras soluciones y la magnitud de nuestro problema.
El diagnóstico: Un cóctel explosivo de combustibles fósiles
La subida de las emisiones no se debe a un único culpable, sino a un fracaso colectivo. Todos los tipos de combustibles fósiles han contribuido al incremento:
- Carbón, petróleo y gas natural siguen siendo los reyes indiscutibles del mix energético global.
- El transporte y la industria continúan quemando estos combustibles a un ritmo insostenible.
- La producción de cemento, un proceso químico intrínsecamente sucio, sigue siendo uno de los grandes emisores industriales.

El panorama por países es igualmente revelador. Mientras que China (32% de las emisiones globales) ha ralentizado drásticamente su crecimiento, e India (8%) también muestra un aumento por debajo de su tendencia histórica, las noticias no son tan buenas desde Occidente.
Estados Unidos (13% del total) verá cómo sus emisiones crecen un 1,9%, debido a un mayor consumo de carbón, un aumento de las exportaciones de gas natural licuado y una creciente demanda eléctrica. La Unión Europea (6%), por su parte, también registrará un leve aumento del 0,4%, impulsado por una menor producción de energía hidroeléctrica y eólica.
La cuenta corriente climática se agota
Llegados a este punto hay que comprender el concepto del «presupuesto de carbono». Imagina que es el saldo restante en la cuenta bancaria de la humanidad para emitir CO2 si queremos mantener el calentamiento global por debajo de un umbral de seguridad.

El Acuerdo de París estableció la meta de no superar los 1,5°C de calentamiento respecto a la era preindustrial. Según el informe, el presupuesto restante para tener un 50% de probabilidades de lograr este objetivo es de apenas 170.000 millones de toneladas de CO2.
Con las emisiones actuales, este presupuesto se habrá agotado antes de 2030. Como explica de forma cruda el profesor Pierre Friedlingstein, líder del estudio: «Mantener el calentamiento por debajo de 1,5°C ya no es plausible». La ventana de oportunidad se está cerrando a una velocidad alarmante.
El golpe de gracia: Los pulmones del planeta empiezan a fallar
Si la noticia de que emitimos más no fuera suficientemente mala, el informe trae otra aún más preocupante: los sumideros de carbono naturales del planeta se están debilitando.

Los océanos y los bosques han actuado históricamente como gigantescos amortiguadores, absorbiendo más de la mitad del CO2 que emitimos. Pero el cambio climático está saturando y dañando estos sistemas vitales.
- La Amazonia, el mayor bosque tropical del mundo, ha visto cómo grandes extensiones se han convertido de sumidero a fuente de emisiones debido a la deforestación y los incendios.
- Los océanos, cada vez más cálidos y ácidos, ven reducida su capacidad para absorber CO2.
Es un círculo vicioso: nuestras emisiones debilitan los sistemas que nos ayudan a combatirlas, lo que acelera aún más el calentamiento.
Un rayo de esperanza en la tormenta: no todo son malas noticias
Aunque el panorama es sombrío, el informe también señala luces al final del túnel que demuestran que el cambio es posible:
- 35 países (entre ellos, Reino Unido, Francia y Alemania) han logrado reducir sus emisiones durante la última década mientras sus economías crecían. Esto desmonta el mito de que la acción climática es incompatible con la prosperidad económica.
- La rápida expansión de las energías solar y eólica está empezando a «morder»... aunque aún no lo suficientemente rápido como para contrarrestar el crecimiento global de la demanda energética.
- La desaceleración en el crecimiento de las emisiones de China e India sugiere que las políticas climáticas nacionales pueden surtir efecto.
Conclusión: la carrera se acelera, y seguimos yendo demasiado despacio
El mensaje final del Global Carbon Budget 2025 es claro: estamos perdiendo la carrera. La transición energética está ocurriendo, pero a un ritmo que no se corresponde con la urgencia de la crisis.
No se trata de que las energías renovables no funcionen; se trata de que su despliegue no está siendo lo suficientemente masivo y rápido para reemplazar el inmenso sistema energético basado en los fósiles. Es como intentar apagar un incendio forestal con una manguera de jardín: la herramienta es buena, pero la escala del problema la hace insuficiente.
La estabilización del clima aún es posible, pero requiere un giro radical y coordinado. Los próximos años son decisivos. O aceleramos la transición con la determinación de una guerra mundial o nos tendremos que acostumbrar a un planeta más hostil e impredecible. La fiebre sigue subiendo, y el tiempo para actuar se agota.
Fuente: Global Carbon Budget
Más información: Informe completo
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