
La increíble historia del Mazda MX-5 con motor V6 que nunca llegó
Si hay un ejemplar con el que describir la deportividad en el mundo del motor, ese podría ser el Mazda MX-5. Este descapotable lleva décadas siendo el ejemplo perfecto de ligereza y sensaciones al volante, manteniéndose fiel a su filosofía en una época en la que no es una tarea sencilla. El pequeño nipón ha defendido ese «menos es más» que ahora se demanda y lo ha hecho con una fórmula invariable: motor de cuatro cilindros y propulsión. Sin embargo, hubo un momento en el que casi se comete la dulce herejía de equipar un motor V6 bajo el capó.
Esta increíble historia había sido uno de los secretos mejor guardados de la marca en los últimos años, pero ahora ha salido a la luz. Christian Schultze, actual director de investigación y operaciones de Mazda Europa, ha desvelado en una entrevista al medio holandés AutoRAI que hace alrededor de 20 años un grupo de ingenieros de la compañía tuvo una idea tan transgresora como alocada. Construyeron un Mazda MX-5 NB (la segunda generación) con un motor de seis cilindros para estudiar su viabilidad.

La idea impone incluso desde el papel, pues no hay que olvidar que el Miata es un descapotable que ya destaca por comportamiento con una mecánica más pequeña. Escogieron un bloque V6 de 2.5 litros, probablemente de la serie K que utilizaban en la época, y lo adaptaron para caber en el vano motor de este ejemplar. Rápido se dieron cuenta de que había algunos aspectos que no encajaban. El primero y más lógico fue el espacio disponible. Para que entrase el motor de seis cilindros era necesario que se elevase la línea del capó y eso repercutía directamente en el diseño.
No solamente daba lugar a un MX-5 con una estética «rara» o por lo menos armónico, era también un coche menos preciso. El V6 pesaba más que el cuatro cilindros y eso provocaba un sobrepeso considerable en el eje delantero. Para un modelo que presumía de un reparto de pesos perfecto, alteraba notablemente el equilibrio dinámico. Incluso con otras modificaciones y mejoras, se iba en contra de la filosofía de ligereza y suponía un coste inasumible para la marca. Por lo tanto, nunca llegaría a ver la luz del día.

Este experimento secreto parece que dio la razón a los puristas. Instalar un motor más grande y potente no siempre se traduce en un coche mejor ni más divertido, por mucho que lo veamos en la actualidad. El Mazda MX-5 nació para ser ágil, puro y conectado al conductor, demostrando que su modesta receta de cuatro cilindros siempre ha sido la correcta.
Fuente: AutoRai
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